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domingo, 14 de agosto de 2011

Carta XXI: ¿tú?

Querido TÚ (vosotros):
Soy yo.
Hacía mucho que no sabías de mi. Apuesto a que estabas preocupado. 
¿Recuerdas que había vuelto a ser una quinceañera de nuevo? 
Pues mi soltería no ha durado mucho.
Te prometo que mi intención era tomarme un tiempo sin nadie, quizá uno para amenizar algunas noches, solo eso.


Pero...
(siempre hay un "pero")



Un día sales de fiesta y conoces a alguien y, después de algunos besos y un millón de palabras te das cuenta de que una noche no es suficiente.


Habláis un día sí y otro también, y cada noche. Con el paso del tiempo vuestras conversaciones se eternizan, aumentan y ,con ellas, ese pequeño vuelco del corazón cada vez que aparece el verde on-line. 
Cuando os dais cuenta son las 5 de la mañana, y os habéis mirado, burlado y sonreído, os habéis confesado secretos y compartido historias. 


En una semana ha surgido esa "chispa" que desencadena todo.


Y es que...cuanto menos buscas algo, antes lo encuentras (o eso dicen).


Y quedan 26 días, 627 horas, 37620 minutos (aproximadamente) para abrazaros de nuevo.
Porque justo después de conoceros, el avión con destino "Vacaciones" os separó.

Bien...el os es un nos, y él...es...ÉL.
Tendré que ponerle nombre, un nuevo cocker, o chispas, o lo que sea. Peo no lo decidiré yo.


Supongo que ahora toca esperar.


Besos de menta.









Definitivamente eMe

domingo, 3 de julio de 2011

Carta XIX: Sigo sin saber qué

Físicamente no me gustas. Veo tus fotos, y no pienso: "vaya, posiblemente sea el chico más guapo que he conocido nunca". Ni de lejos.

Tu carácter...me sacas de quicio. Eres...¡Eres lo peor!
Eres egoísta, caprichoso, cambias de parecer a cada momento como si fueras un gas, cuyos átomos no paran de moverse en el espacio. 

No hay quien hable contigo, porque "tú" eres demasiado complicado.

Aún así...a pesar de todo...sigo recordando pequeños fragmentos de un verano que me marcó bastante. (No por ti, sino por todo en general)

Sigo recordando besos, caricias, abrazos, conversaciones eternas, y novelas sin palabras. Y sonrío, aunque con melancolía.


Y ahora resuenan en mi cabeza palabras de una persona especial que me dijo que, cuando encontrara a alguien a quien quisiera de verdad, esos abrazos, caricias y besos, saldrían sin más. Eso que a veces tanto me cuesta con el chico imparable...y con el pequeño cocker...

Y las cosas no van bien, y no sé lo qué siento ni por qué lo siento.

Quizá solo busque encontrar un motivo por el cual no soy un bicho raro; saber una razón que me demuestre que en el fondo soy normal.


sábado, 24 de julio de 2010

Primera carta: explicaciones

  Hola, antes de comenzar quiero explicarte algo:
  Me he dado cuenta de que a veces me cuesta expresarme en tu presencia, y quiero que conozcas lo que pienso, lo que siento, no me importa el resto del mundo, esto es sólo para ti. Por ello te escribo ahora estas cartas, para contarte lo que se me pasa por la mente, lo que me ha ocurrido y no te he podido contar...qué sé yo, todo.
  Ahora ya puedo comenzar decentemente.
  ¿Sabes? Anoche soñé contigo. Acababas de volver, y decidimos quedar y dar un paseo por la ciudad, era extraño porque era una mezcla de Puerto y Coruña, había calles de un lugar, edificios de otro...Después de pasear durante toda la tarde, hablar, hacer fotos, comer helado, decidimos ir a mi casa a cenar ya que no quedaba muy lejos (qué surrealista ¿eh?). Allí estaban mi madre,mi hermana llegó poco después de nosotras. Fue una cena tranquila, normal, comentando algunas cosas, que si las vacaciones, que si la universidad...lo normal, lo más irrelevante.

  Tras la cena, recogimos un poco todo y subimos a mi cuarto, a estar un rato a solas, mi madre y mi hermana se iban a acercar a casa de una vecina, y estaríamos solas durante un par de horas...creo que eran las 22:00 cuando se fueron, y hasta la una o dos de la madrugada no llegarían, como ya he dicho era una vecina. 

  Aprovechamos esas horas para recuperar el tiempo perdido, lo último que recuerdo es estar abrazada a ti, desnudas, tapadas ligeramente por la colcha, y dormir. Sí, dormimos juntas, la puerta estaba cerrada y nadie nos molestó hasta la mañana siguiente.

La luz del sol entró por la ventana, calentando mi cara y despertándome. Entonces tú también abriste los ojos, nos miramos, sonreimos, nos besamos...y comenzamos a vestirnos o, más bien, a taparnos un poco, pues mi madre pronto llegaría para despertarnos. Tú llevabas solo una camiseta ancha, como un camisón, sobre la ropa interior que hacía unos minutos estaba en el suelo. Yo tenía puesto el pantalón corto del pijama, pero no tenía la camiseta. Entró mi madre para llamarnos a desayunar. 
Llegamos al salón y olía a tostadas, a zumo de naranja y a café. ¡Qué bien nos supo! 

Te levantaste para llamar a tus padres, para avisarles de que pronto irías a casa. Mientras tanto, mi madre me recriminaba con la mirada, por el hecho de haber dormido juntas, sin su consentimiento (ya sabes como es). Cuando colgaste fuiste a la habitación a vestirte, te seguí, te acompañaría a casa. En realidad, no recuerdo mucho más, pero tengo muy gravadas las expresiones de tú cara, de la de mi madre, de la mia no, pero porque no me veía a mi misma.

  Desearía que algún día ocurriera algo parecido, pero sin mi familia rondando. Qué idílico. Supongo que no habrá problema dentro de unos meses, o años, siempre y cuando sigamos juntas.

    ¡Ah! No paro de darle vueltas a lo mismo. ¿Por qué? Es frustrante, todo cuanto hago, digo o escribo acaba llevando el hilo de mis pensamientos al mismo punto. Siempre las mismas cuestiones, lanzadas al aire sin respuesta:

                              ¿Qué ocurrirá con nosotras?

                                   ¿Me olvidarás?

¿Será un problema la distancia?       
         
  ¿Conoceremos a otras personas?

 ¿Te olvidaré?                        


   De todos modos tengo otras cosas de las que preocuparme, ¡qué ironía! Escribo un blog afirmando que no existen las preocupaciones y soy la primera en darles importancia. Soy hipócrita. En fin, ya sabes, ahora a esperar a Agosto para ver si me aceptan en Santiago (¿yupi?). Sigo sin dejar de pensar en ello, noto que todo se desmorona, ya sabes, "mi futuro se desvanece sin que yo pueda hacer nada para evitarlo". No me gusta crecer, implica responsabilidad, y eso no me gusta.
Bueno, me depido, quizá a lo largo de la tarde caiga un ovni y salga E.T. y me cuente algo interesante que poner aquí. ¡Hasta entonces!
Sabes que Te Quiero.