viernes, 17 de septiembre de 2010

Carta IX: el recuerdo del último baile

Hola, estos días he pensado, he recordado, he sentido, llorado, sonreído...

No paro de pensar en áquel baile.

No sé por qué guardo el recuerdo de un yo un tanto cohibido. 
Simplemente me sentí delicadamente femenina.

Recuerdo la firmeza con la que rodeaste mi cintura con tu brazo, para luego simplemente sujetarme ente tus manos. Deslizaste la derecha en busca de mi temblorosa mano, mientras me dabas indicaciones.

Reposé mi brazo sobre el tuyo. Tú me acercaste aún más a tí hasta que nuestros corazones casi se tocaron.

Me sentí como esas chicas de los animes, que se sonrojan al tiempo que sus ojos comienzan a brillar, cuando el chico las estrecha entre sus brazos.

Quería esconder mi cara en tu pecho y rehuír tu mirada pero, a la vez, era incapaz de alejar mi visión de tu rostro.
Porque ahí estabas , serio, con una ligera sonrisa asomando en las comisuras, imperceptible para el resto del mundo, pero no para mí.

Primero un paso hacia delante, después a un lado, y así, nos sumamos en una danza en la que yo reía. Una risa tímida, ridícula de mi misma. Mi mente trataba de asimilar lo que mi corazón decía.

Recuerdo bien esa noche, esas risas, la vergüenza
Pero lo que más recuerdo es el sentimiento de que nada más importaba; mis pies flotando y mi mente, sumida en su propia lucha contra la locura.


Quisiera repetir ese instante en cualquier momento, en cualquier lugar:
bajo la lluvia,
entre los árboles,
o en una amplia habitación
de moqueta verde y
un piano de cola negro.












...y con la última campanada, se marchó, dejando tras de sí solo un zapato de cristal.


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